UNA SELFIE CON TIMOCHENKO, Álvaro Perea – Juan Pablo Salazar

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Una selfie con Timochenko es un falso documental que es evidentemente provocador desde su inicio, nos cuenta la historia de un funcionario público de rango medio que en vísperas del evento histórico de la firma del acuerdo de paz con las FARC se le ocurre la idea de invitar a Ruanda a una actriz y presentadora que le encanta, para conocer mejor el proceso de reconciliación que ahí se ha vivido y regresar al país justo para el gran momento, convencido que así podrá conquistarla. Su visita al país africano también sirve para coordinar un partido de voleibol sentado entre el equipo ruandés, integrado por personas que han hecho parte del conflicto en ambos bandos, y un equipo colombiano conformado por soldados y ex guerrilleros.

Es un proyecto que usa muchos recursos, como el videoclip, la animación, y por sobre todo la sátira. Es delicado cuando se habla de un tema tan doloroso para el pueblo colombiano, mezclándolo con la ironía y el chiste. Pero normalmente así se informa más a los colombianos, entreteniéndolos con algo que quieran ver, y metiéndole un trasfondo que DEBERÍAN conocer. Definitivamente somos un público reacio a ver nuestro propio reflejo en los espejos como el cine, es por eso que Salazar nos lleva con anestesia por este proceso como lo es el post-conflicto, para el que definitivamente no estamos preparados.

El romance utópico que se supone nace entre los protagonistas es simplemente una manera de mantenernos interesados para mostrarnos esa realidad. Una Selfie con Timochenko al mezclar tantas cosas tambalea en varias. Hay momentos donde la farsa no surte efecto, donde lo irreal no se ve tan real y donde lo verdadero no parece tan orgánico. Igualmente, al ver la película se puede deducir que el título era más que una apuesta arriesgada una provocación innecesaria y que al paso del metraje se va estrechando bastante el espacio para una reflexión singular y profunda sobre la necesidad imperiosa de reconciliarnos, que es el objetivo al que le apuntan sus directores.

Catalina Rodríguez, Abril 2018

 

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