MATAR A JESUS, Laura Mora

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Creo firmemente que esta película solo nos reitera lo amarillistas que somos, nos encanta la violencia, ver que alguien mate a alguien, y que mejor ejemplo de lugar que Medellín en sus épocas oscuras (como si aún no lo fueran).

Matar a Jesús es la historia de Paula, una universitaria que por “cosas de la vida” ve como matan a su padre justo al frente de su casa. Y adivinen que, nadie hace nada y por peores cosas de la vida se encuentra con el asesino, Jesús, se acerca a él tanto como puede, con una sed de venganza insaciable, pero se da cuenta que como ella, Jesús es víctima de esa sociedad de violencia, pues fue ella la que lo convirtió así, la necesidad, la calle, la falta de todo, lo volvió un sicario, en parte Paula lo entiende, y tiende a sufrir de síndrome de Estocolmo, es decir comienza a nacer como un gusto entre ellos dos. Pelea con ella misma un tiempo entre el gusto, el perdón, la rabia, la venganza, la sed de justicia. Incluso a veces pareciera como si ese mismo hombre que le causo tanto dolor fuera el mismo que le devolviera la felicidad por ratos.

Audiovisualmente el protagonista es la ciudad de Medellín, los planos generales que muestran su inmensidad y su belleza, siento que es hermoso ese contraste entre lo espectacular de la locación, de la ciudad, con la historia que se cuenta de dolor,  muerte, venganza.

Siento que esta película es actualmente todos los colombianos, que indignados sienten que no pueden hacer nada, que indignados y con ganas de actos crueles se retienen para no ser iguales a los que cometen estos actos, todos con sed de justicia insaciable, pero parece que al igual que en la película, entre más nos acercamos a los delincuentes, más nos acostumbramos a ellos, más les debemos.

Catalina Rodríguez, Abril 2018

 

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